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sábado, 25 de octubre de 2014

de nuevo en sierra de la ventana

Nuevamente, esta vez las vangoghianas estan a full, todo cubierto de flores amarillas, y al llegar, con el tren a las 7 de la mañana, niebla, niebla que no se veía el cerro, niebla, charcos de agua de seguramente una lluvia de la noche anterior, perros amigos para recibirme, pajaros de todo tipo, en fin, una felicidad muy grande de reencontrarme con este paisaje, con este silencio y las mañanas verdaderas. Creo que no podía aguantar un día más con las obras del metrobus, que hermoso estar aca.
El viaje fué bueno, el vagon de primera, bastante confortable, mucho más que el pullman que tomé la última vez desde Tornquist y llegué toda dolorida por los asientos rotos. No puedo decir que fué maravilloso, unas 12hs, los asientos cómodos pero al tener tantas ventanas rotas, se filtraba el chiflete de la noche y a pesar del gran calor de estos días, de noche se sintió frío y tuve que usar los dos buzos que llevaba en la mochila, uno arriba y otro para taparme las piernas, ya  que las calzas de invierno no alcanzaron para tapar el frío de la noche campesina.

el cerro del amor bajo la niebla
Lo peor del viaje fué que prácticamente no dormí, pero al menos pude relajarme. La primera vez que estaba por quedarme dormida, a la altura de Cañuelas, se le ocurrió al guarda pedir boletos, no lo había hecho en Constitución, la estación de salida, y  unas dos horas después se le ocurrió pasar, ya no pude dormirme. El otro guarda, unos 3 asientos más atrás del mio, muy macanudo, me ayudó a bajar el vidrio de mi ventana, pero fué toda la noche conversando con sus compañeros, tampoco me dejó dormir demasiado. Y para completar, en Laprida, la siguiente estación después de Olavarría, subió un contingente de unas 40 personas, alumnos de primaria con sus maestras, venían a pasar el día a Sierra de la Ventana. Asi que ahí , cartón lleno para el antisueño!.
el fondo del terreno, los pastos altos y las flores amarillas
una vista detrás del mosquitero, un lindo efecto, no?

viernes, 24 de octubre de 2014

más de lo mismo, siempre cambiante

Bastante claro el título de la entrada, más de lo mismo, en Sierra de la Ventana, pero por otra parte, como lo que domina es lo natural, está en contínuo cambio, ahora por ejemplo está todo cubierto por flores amarillas, de rúcula salvaje, de diente de león... Y al recorrer el lugar para ir a comprar al centro, me voy cruzando con nuevos pájaros, con estos caballos entre flores azules, con verbenas rojas al costado del camino, en fin, renovado todo respecto de la última vez que estuve, hace menos de un mes. 
El delta es igual cuando salgo a remar, siempre es lo mismo y siempre es nuevo, no cansa andar por los mismos lugares. El centro de Buenos Aires es todo lo contrario, cada día el paisaje se renueva de malestar, de basura, de opresión, de obras públicas sin terminar, de ruido, de cirujas tirados en las calles, de tachos de basura reventados, de tristeza y ganas de salir corriendo hacia la libertad, la poca libertad que queda para los que queremos simplemente un rato de tranquilidad sin que nadie nos agreda en las múltiples formas de agresión que nos rodean.